
Después de un día largo, de un entrenamiento intenso o simplemente con los años, es normal sentir los músculos cargados y las articulaciones tensas. Una de las costumbres más antiguas para darle un respiro al cuerpo es muy sencilla: sumergirse en agua tibia con sal marina.
Un baño de sal marina no es un medicamento ni cura enfermedades, pero es una práctica de relajación que se usa desde hace siglos: al sumergirte en el agua tibia con sal, el cuerpo se afloja, la musculatura se relaja y muchas personas se sienten mejor y notan alivio de la tensión. Aquí te contamos de dónde viene, cómo prepararlo paso a paso y por qué conviene sal de mar y no sal de mina.


